Este proyecto surge de una clase que impartí en la Ibero hace unos años, denominada "Política y Gobierno en México", en la cual la intención fue mostrar una visión de los sexenios recientes, buscando partir de un cierto nivel de informalidad, accesible al tipo de alumnos que se inscribían en dicho curso. Cada sexenio se dividía en cuatro aspectos: La biografía del Presidente en turno, los hechos notables ocurridos en su sexenio, el comportamiento de la economía y la forma como decidió su propia sucesión.
Una pequeña muestra, incompleta, del punto número uno, referida a José López Portillo, aparece a continuación.
3.1 JOSE LOPEZ PORTILLO, TRAYECTORIA BIOGRAFICA Y POLITICA.
Nace en el Distrito Federal, el 19 de Mayo de 1920, en el seno de una familia, al menos por el lado paterno, de gran abolengo y prosapia. Pocos casos podemos encontrar en México, de una familia que guarde la memoria de los antecedentes generacionales, que, en el caso de los López Portillo, parecen remontarse a más de 25 generaciones, pues tenían conocimiento de quien había sido el primero los López Portillo en haber partido a América desde el pueblo de Caparroso, en la provincia española de Navarra, así como de lo que habían hecho otros integrantes de esta familia en las Indias Españolas, algunos habían ido a Sinaloa, otros a las Filipinas.
A veces, da la impresión que estos relatos quedaron tan vivos en su memoria ya que reflejan un pasado glorioso cuyo recuerdo sustituía la imposibilidad económica de sus padres por ofrecerles a sus hijas e hijo una diversión durante las jornadas dominicales, a quienes reunían para ello en lo que JLP denomina “el nido”, la cama matrimonial de sus padres.
Es el único hijo varón de una familia integrada por mujeres, ya que el primero de ellos, como se dice, “no se logró”. Su madre se llamaba Refugio Pacheco, en tanto su progenitor se llamó José López Portillo y Weber, hijo del político cuya carrera se vió frustrada en los primeros tiempos del Porfiriato, José López Portillo y Rojas, cuando enfrentó un juicio político en el Senado de la República, derivado, según se dice, del manejo turbio de una herencia.
Ello lo llevó quizás a refugiarse en las letras, considerándosele uno de los más conocidos escritores del porfiriato. Su reintegración a la política se dio en condiciones que, en mi opinión, serían la causa de las estrecheces económicas que caracterizaron los primeros años de la vida de nuestro personaje, su abuelo sirvió a Victoriano Huerta como Subsecretario y posteriormente como Gobernador del Estado de Jalisco.
Algo alcanzó JLP de esos tiempos de grandeza, ya que sabemos que nació en la casa de su abuelo, ubicada en las calles de Bruselas, en la Col. Juárez, siendo el tercero de los descendientes. Primero fue Margarita, nacida unos seis años antes, en 1914; a ella le sucedió otra mujer, -----, quien sería la Secretaria Privada de JLP a lo largo de casi toda su carrera burocrática. La familia se completó con la hermana menor, a quien pondrían el mismo nombre que la madre: Refugio. Con su padre cultivó una relación muy estrecha, venerando su memoria con un símbolo que pocos identificaron, después de su muerte en 1974, cuando JLP se encontraba en Europa, llevaría como muestra de luto permanente una corbata de color negro o en tonos muy oscuros.
La infancia de JLP, como el mismo lo relata en “Mis Tiempos”, se caracterizó por las dificultades económicas de su familia y la precaria salud de sus primeros años. Esto se pone de manifiesto en el peregrinar de la familia, la cual fue ocupando diversos domicilios en colonias centrales hasta llegar a lo que eran prácticamente los suburbios, la periferia de la pequeña Ciudad de México de la tercera y cuarta década del siglo 20.
De esta manera, primeramente la encontramos en la Col. Juárez, en la casa de los abuelos; después, en Santa María la Ribera, con unos tíos, de ahí, en la misma colonia, en las calles del Chopo; más tarde, de nueva cuenta en la Juárez, en Lucerna, aparentemente en el edificio con calles privadas que construyera el Ing. Miguel Angel de Quevedo; posteriormente, en la Roma Sur, donde la familia se disgregaría, y tras un año de convalecencia por una tifoidea, ingresaría a la escuela primaria modelo, la “Benito Juárez”, obra de Carlos Obregón Santacilia.
De ahí, saltarían a la colonia colindante, en la ribera del entonces Río de la Piedad, ocupando una casa, nuevamente rentada, cuyo patio daba precisamente a dicha corriente. Aquí terminó el peregrinar de la familia de JLP y se mejoró notablemente su salud, dejando de ser un niño enclenque y enfermizo.
JLP padre, quien había sostenido con dificultades a su núcleo familiar, a veces da la impresión que tan solo con los ingresos que obtenía de sus clases en la Escuela (para señoritas) Miguel Lerdo de Tejada, obtuvo un empleo medianamente remunerado en la burocracia federal, en la entonces Secretaría de Economía Nacional, ya en el sexenio cardenista y en la cual tendría una reconocida participación en el grupo comandado por Jesús Silva Herzog, a quien se le encomendó la dictaminación de la situación que privaba en la industria petrolera extranjera y que fundamentaría el Decreto de Expropiación de la misma en 1938.
Esta ocupación formal y estable de su padre, además de aportarle lo que consideramos su primera relación con el petróleo, le permitió obtener un préstamo de la Dirección General de Pensiones Civiles, con el cual adquiriría un terreno en la Avenida del Acueducto (hoy División del Norte), de dimensiones reducidas (-------) y donde edificaría una casa de dos plantas en la que el joven JLP tendría su espacio propio y de la cual no saldría hasta su matrimonio en 1951.
La imagen que nos deja su libro autobiográfico es la de un joven desparpajado, afecto al ejercicio físico (recordar caminatas con LEA, football americano, a la lectura, a escuchar la radio, al cultivo de amistades, a tocar la guitarra y a pintar y, sobre todo, pendenciero, mostrando un carácter explosivo, una cierta incapacidad de controlar sus emociones, del cual existen anécdotas a lo largo de sus años de juventud e incluso en la época en que esta va terminando.
Tenemos así, la famosa pelea que sostuvo con “El Buster”, a quien confrontó en un mano a mano, para sustituir una disputa entre su banda y otra rival, ocasionada por el tránsito en terrenos de la Col. Narvarte, y en la cual estaba presente su compañero de la primaria, Arturo Durazo Moreno.
Estudió, según parece, en la Secundaria #3, y posteriormente, en 1937 se inscribió en la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM. El apellido ilustre hacía que se le identificara de inmediato por parte de diversos maestros, acarreándole un cierto sentimiento de burla y animadversión de sus condiscípulos, como el estribillo que decía “López Portillo, distinguido por demás, lleva el López por delante y el Portillo por detrás”, a los cuales respondía con los consabidos golpes.
La impresión que trata de dejarnos es la del típico macho, quien, desde los años de la primaria estaba dispuesto a batirse a golpes con quien fuera, a pesar de que fueran de años superiores y de complexiones superiores a la suya. Su padre le había dado un sano consejo, que trataría de seguir siempre en tales circunstancias: “Tú nunca des el primer golpe, pero asegúrate de dar el último”.
Después de dudar entre ser pintor, médico o abogado, decidió por la última de estas profesiones, inscribiéndose para ello, en 1939, en la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la UNAM.
Trabajó desde esos tiempos universitarios, pues heredó la clase de su padre en la Escuela “Miguel Lerdo de Tejada” donde, afirma, con cierta posibilidad de proyección, que resistió las insinuaciones de sus alumnas. Asimismo, hizo el noviciado de los estudiantes de Derecho, laborando en los despachos de su tío, el Notario Guillermo López Portillo y de su cuñado Félix Galindo Díez de Bonilla, lo que le permitió cierto desahogo.
Concluyó sus estudios profesionales en 1943, tardando casi cuatro años en titularse. Para esa fecha, es cuando quizás se inicia su relación laboral con Gabriel García Rojas. Al año siguiente, se inició lo que JLP califica como “la tragedia que ensombreció a mi familia”, el divorcio de su hermana Margarita, a la cual, con la ayuda de su mentor García Rojas, defendió a lo largo de 14 años, agotando todas las instancias en un litigio que constituyó uno de los casos más sonados de su tiempo y que se resolvió finalmente en 1958, al acordar la Suprema Corte de Justicia de la Nación la improcedencia del amparo presentado por su excuñado.
JLP, lo dice en sus memorias, allanó domicilios, echó abajo puertas, golpeó guardaespaldas, todo, en defensa de los intereses de su hermana y sus dos hijas, sus sobrinas, una de las cuales, supuestamente, murió durante esos años como consecuencia de este pleito. Margarita, a su vez, indica “esos años pudo haber faltado pan en la mesa de mi hermano, pero en la de nosotras, nunca”.
En una de estas ocasiones, JLP se encontró con su ex-cuñado en el tercer piso de los Tribunales, que en esa época se alojaban en el edificio porfiriano de Donceles, a un lado de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, y, aparentemente éste le hizo una referencia con sorna, que encendió de inmediato a JLP, quien furioso se le fue encima a golpes y pretendiendo arrojarlo por una ventana, lo cual no logró por la intervención de ujieres, abogados y jueces en esos momento presentes.
La respuesta del ex-cuñado, abogado en fin, fue la de esperarse, JLP tendría que enfrentar un segundo litigio personal, que concluiría en una sentencia de tres y medio años de prisión, que solventaría con una fianza. De esta manera, se jacta en sus memorias al afirmar que es el único Presidente que llegó a tal cargo tras haber sido consignado, sujeto a un proceso penal y, tras ser enjuiciado, encontrado culpable y sentenciado.
lunes, 27 de octubre de 2008
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